SabiHondos

El lugar que sí ocupa el saber

MÁS QUE ANIMALES

En el Medievo, cualquier conocimiento, discusión o acción que no estuviera directamente relacionado con Dios se desechó (incluso prohibió y persiguió) por ser considerado irrelevante o herético. Entonces la humanidad entró en uno de los periodos intelectualmente más oscuros de la historia de Occidente. Hoy en día, el relevo en cuanto a líder supremo lo ha tomado el dinero: todo lo que no genere beneficios directa o indirectamente es descartado, es inútil. Ambas circunstancias son un signo claro de la miseria moral que impera en la sociedad.

 Es esto último lo que me impulsa a escribir este texto, al que yo quiero considerar una suerte de manifesto personal en favor de mi humanidad como individuo, y de la humanidad en general.

 Cuando mi tía dice que es profesora de filologías clásicas (véase latín y griego) la gente la mira como una rara avis. ¿A quién le interesa eso? Cuando le digo a alguien que la filosofía fue una de mis asignaturas preferidas las risas por lo bajo se confunden entre susurros de “eso son tonterías y preguntas absurdas”. Cuando mi amigo decide que lo que más quiere en el mundo es ser músico, la reacción generalizada es pensar que en realidad no quiere hacer nada serio (el término suele ser perroflauta). Cuando mi amiga dice que su sueño sería ser artista, nadie la toma enserio. Cuando digo que quiero ser escritora me espetan que es difícil ganar dinero dedicándose a ello y por lo tanto, es una ambición inútil.

 Parece existir consenso: todo lo anterior son disciplinas sin posibilidad de aplicación práctica (véase, no generan beneficio directo en forma monetaria). Y además, argumentan, son disciplinas propias de gente ociosa, gente que no produce y que no aporta nada a la sociedad, gente egoísta que se dedica a cosas que le gustan en vez de a cosas verdaderamente eficientes como la economía, la banca o las ingenierías, entre otras profesiones.

 Estas personas están desgraciadamente confundidas. Frecuentemente no es su culpa, teniendo en cuenta que es imposible negar que vivimos en una sociedad eminentemente utilitarista y mecanicista. El éxito se mide de acuerdo con el nivel de remuneración recibida según las capacidades plasmadas en un currículum vitae. Cuanto más se cotizan tus capacidades, mejor.

 Pero lo cierto es, y lo triste es que ellos no lo saben (y no lo saben porque no han prestado atención en filosofía cuando por ejemplo se habló del paso del mitos al logos, y no reflexionaron posteriormente), que el día que los seres humanos fueron algo más que animales por primera vez, no fue el día que se vistieron, ni el día que buscaron cobijo en una cueva, que plantaron sus verduras, o descubrieron el fuego. Al fin y al cabo todos estos comportamientos correspondían a necesidades inmediatas relacionadas con la supervivencia. Y eso es lo que hacen los animales: sobrevivir.

 Antes de entrar de lleno en la cuestión, mencionar que muchos esgrimirían que lo que nos distingue como humanos es la capacidad de sentir o de empatizar. Considero que por todos es sabido que hay multitud de personas que carecen de dichas habilidades incluso en su estado más básico. Por otro lado, los que tengan mascotas en casa o hayan tenido algún contacto con el reino animal, también sabrán que éstos también disponen de dichos mecanismos. En consecuencia, no parece que seamos tan diferentes al menos en este aspecto,  por lo que debo proseguir con mi argumento.

 Lo que nos hace humanos debe ser un salto mucho más grande y significativo.  

 El día que el ser humano dio el cambio y se convirtió en “otra cosa” fue el día en que habló y escribió (filología, literatura, historia), que estampó su mano llena de pigmento espeso en la pared de la roca (arte) o que se preguntó por qué caían rayos en vez de meramente refugiarse de ellos (filosofía).

 Al principio el idioma era meramente descriptivo, pero ya no éramos sólo animales, porque gracias al idioma y su evolución, nuestro mundo se llenó de nuevos matices. Pudimos hacernos preguntas sobre el entorno, empezando a desarrollar teorías con base en ciertas preguntas (primero de carácter mítico, luego religioso/filosófico, posteriormente de tipo científico) que desembocaron en la evolución del pensamiento. El lenguaje se tornó más figurativo y abstracto, no sólo queríamos saber por qué caía el rayo, también de qué estaba hecho el rayo. Frente a esta nueva necesidad de saber aparecieron los primeros metafísicos, que se encontraron que en su intento de explicar el mundo, cuanto más sabían más era lo que querían saber y más eran las preguntas que surgían. Finalmente las líneas de pensamiento e investigación se tornaron concretas ya que para indagar en ellas se requería especialización previa, no bastaba con un conocimiento generalista del medio, dando lugar a la aparición de los primeros científicos.

 Porque los científicos, como los filósofos, también basan su profesión (si es que me permitís llamarlo de este modo) en la formulación de preguntas. Quizá a simple vista no parezcan preguntas tan abstractas como las de la filosofía. Pero a menudo lo son. El átomo fue descubierto sólo con el pensamiento. La teoría de la relatividad especial fue fruto de especulaciones de un señor al que muchos trataron de tonto en sus inicios. Posteriormente pudo demostrar que muchas de las conclusiones a las que había llegado sólo razonando, eran efectivamente ciertas. Y de hecho, la disciplina del pensamiento lógico fue desarrollada por filósofos, así como las matemáticas (véase por ejemplo, Pitágoras), que son la base de arquitecturas, ingenierías y otras disciplinas de tipo técnico.

 La medicina tampoco surge el día en que se inventa la penicilina. Lo hace el día en que un individuo se cuestiona  por qué enfermamos. Y posteriormente, se hace una pregunta de tipo ético o moral, para acabar decidiendo que la salud es buena y la enfermedad es mala, porque ya no se conforma con que le digan que es la voluntad de los espíritus/dioses y hay que acatarla. Toma una decisión: asocia todos los conocimientos de los que dispone (de hierbas medicinales, experiencia, etc.) y de forma abstracta genera una solución al problema.

 Ahora que he tratado por encima la conexión íntima existente entre científicos y filósofos (los unos ensalzados, los otros denostados) permitidme que retorne al ámbito de las humanidades puras.

 Los artistas en sus inicios eran sujetos que pintaban en las paredes de cuevas. Tal era la importancia de la cuestión, que sólo le estaba permitido hacerlo a determinados individuos. El hecho de representar algo artísticamente que existía en la realidad se consideraba mágico. Porque no se trataba sólo supervivencia. La imagen estaba ligada a deseos o aspiraciones (más manadas de búfalos, más lluvias…) y se creía que mediante la disciplina pictórica podías comunicarte con los espíritus. Cuántos artistas han dedicado su tiempo a la religión, con la convicción íntima de que cada obra dedicada a ella les acercaba a sus dioses o dios. Y muchos de ellos también eran conscientes del poder transformador de sus obras. Cuando uno mira La Piedad de Miguel Angel es difícil no sentirse conmovido. O contemplando los retablos en las iglesias se nos dan a conocer pasajes de la Biblia.

 Posteriormente el arte se volvió abstracto y no se centró sólo en lo que era (la realidad pura y dura) sino en todo lo que podía ser. Así los artistas pasaron a ser aquellos individuos capaces de mostrarnos todos los mundos posibles en nuestra mente y de acuerdo con nuestros sentidos. Desde distintas percepciones pictóricas o sensoriales, a enfoques morales concretos (cuántas veces la política y la ideología ha recurrido al arte para reafirmar su visión).

 Todo lo anterior puede trasladarse a cualquier disciplina. Por ejemplo, la música. No sólo está demostrado (¡científicamente!) que desarrolla nuestro cerebro, sino que también logra desencadenar en nuestra alma cualquier sensación y por ende desarrollarnos como individuos, incluso convirtiéndonos en mejores o peores personas, siempre siendo una difusora muy potente de mensajes.

 Hay una película alemana (¡artes visuales señores!) llamada Das Leben der Anderen (La vida de los otros) que en mi opinión ilustra exquisitamente esta cuestión. El largometraje se sitúa en los últimos años de la RDA. Un agente de la Stasi (policía secreta cuya misión consistía en perseguir a todos los que no comulgaban con el status quo, y adivinadlo: estamos hablando mayoritariamente de intelectuales) se dedica a espiar a un conocido dramaturgo, que a pesar de apoyar al régimen, tiene la mala suerte de que el ministro de cultura quiere quedarse con su novia. Gracias a las escuchas, el agente se mete de lleno en el submundo intelectual. En una de las ocasiones, el dramaturgo tocará en el piano “La Sonata del hombre bueno”. Es el instante decisivo en el que el espía cambia de bando y pasa a proteger al intelectual del sistema. Como vemos, un ejemplo del carácter redimidor de la música.

 Es gracias a lo que a mí me gusta denominar la potencialidad de las humanidades, que sabemos que no sólo hay una visión de la misma cosa sino muchas: todas ellas distintas y compatibles. El hecho de que haya muchas posibilidades y enfoques, genera debate. Éste facilita que se cuestionen las cosas y nos preguntemos si hay espacio para mejorar. En definitiva, nos hace más humanos. No es casualidad que en épocas de represión, parte del control se ejerza con brutalidad persiguiendo a artistas e intelectuales. Porque son ellos (incluyo a cualquier amante del conocimiento), ellos y sólo ellos, con su visión distinta y potencial de las cosas, los que se encargan de demostrar al mundo con su humanidad, que algo distinto es posible.

 Ha sido el hombre, en su cualidad de hombre y no de animal, el que ha reflexionado sobre la sociedad y su organización, llegando a conclusiones como la del contrato social (Rousseau) y planteándose si algo mejor era posible, y si lo era, cómo podía ser alcanzado. Sólo por el mero hecho de preguntárselo, la humanidad decidió que la desigualdad era injusta y la igualdad era justa, y que por ende los hombres lo deseable era que fuéramos iguales. Y que el Gobierno de los hombres debía ser democrático para asegurar pactos sociales (en forma de leyes) que respetaran dicha igualdad. Y así pasamos de sistemas oscuros basados en clases inamovibles al margen del mérito personal, a sociedades donde todos teníamos cabida y donde todos debemos tener una oportunidad.

 No hay apenas diferencia entre una leona que sale a cazar a la estepa o una ardilla que busca agua en el desierto, y una persona que sale a trabajar sólo con la intención de generar dinero para poner el plato en la mesa y pagar las facturas. No afirmo que este aspecto de nuestras vidas no sea absolutamente necesario. Tampoco es motivo de hacer de menos a nadie si su ambición está centrada únicamente en generar beneficios. Lo que afirmo rotundamente es que una existencia y una sociedad donde las humanidades no tienen cabida, es una sociedad meramente de subsistencia y por ende animal, por muchas comodidades de las que ésta parezca disfrutar. Es una sociedad que desconoce el origen de sus derechos y circunstancias, así como las posibilidades de mejora o evolución que se presentan. Es una sociedad empobrecida moral e intelectualmente, y en consecuencia, fácilmente dirigible y manipulable.

 Afirmo, sin ninguna duda en mi mente y tampoco en mi corazón, que una sociedad que descarta las humanidades en cualquiera de sus manifestaciones (la filosofía, la literatura, el arte, la música, la escultura, etc.) es una sociedad condenada al ostracismo y en último término, menos humana. 

By: Marta Busquets

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3 comentarios el “MÁS QUE ANIMALES

  1. nuprometheus
    octubre 12, 2013
  2. brhayan21
    octubre 12, 2013

    Reblogged this on brhayan21's Blog and commented:
    Es el mejor artículo que he leído. Y tienes mucha razón, vivimos en una sociedad materialista donde lo único que interesa es la generación de la riqueza. Vivo en un país en donde sólo si estudias ingeniería, medicina o derecho eres reconocido.

  3. Luis Cárdenas
    noviembre 27, 2013

    ENORME.

    Concuerdo en cada una de las letras contigo. Gracias por expresarlo tan claramente. ¡Fue terrible!

    Un saludo afectuoso desde Guadalajara

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Esta entrada fue publicada en octubre 11, 2013 por en Artículos, Ensayo y etiquetada con , , , , , , , , , , .

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